La vergüenza es una emoción que todas las personas sentimos alguna vez. No es ni buena ni mala, pero a veces nos hace quedarnos callados, escondernos o no atrevernos a hacer cosas que queremos. También la podemos sentir cuando hablamos o actuamos delante de otras personas por primera vez, cuando nos disfrazamos en carnaval y todo el mundo nos mira, o incluso al equivocarnos o cometer un error que otras personas pueden ver.
Y nos sonrojamos, bajamos la mirada, hacemos gestos tímidos, manifestamos nerviosismo o inseguridad y tenemos unas ganas tremendas de escondernos o huir de donde estamos.
La vergüenza es una emoción natural. Nos ayuda a reflexionar sobre nuestros actos y a comprender cómo nos relacionamos con los demás. Además, puede superarse si aprendemos a aceptar nuestros errores y a reírnos de nosotros mismos en momentos divertidos, como en carnaval.

Para trabajar esta emoción, vamos a utilizar estas cuatro piezas musicales:
● “Soy minero” – Antonio Molina. Esta canción habla de la vida cotidiana y de cómo se enfrenta uno a la mirada de los demás. La conexión con la vergüenza surge al pensar en sentirse observado o evaluado, igual que un minero trabajando bajo presión o frente a su comunidad.
● “Concierto de piano” – Clara Schumann. Su música, elegante y emocional, invita a la introspección. Perfecta para conectar con la vergüenza interna, esa sensación de timidez o pudor que sentimos dentro de nosotros, antes de mostrarla al exterior.
● “Los chicos no lloran” – Miguel Bosé. Esta canción permite hablar sobre cómo la vergüenza puede estar relacionada con los estereotipos sociales y cómo nos sentimos juzgados por mostrar emociones que “no deberíamos” según lo que otros esperan de nosotros.
● “Bufa, bufa” – La Orquestina del Fabirol. Canción tradicional y festiva que puede generar situaciones típicas de vergüenza: soplar velas, participar en un juego o cantar delante del grupo. Es útil para reflexionar sobre cómo la vergüenza puede aparecer en situaciones sociales y transformarse en diversión compartida.
